Ícaro, la Cultura y el Poder

Grupo Prometeo
Noviembre 2009

En el mito se cuenta cómo Ícaro al volar cerca del Sol vio derretir las alas que le sostenían en el aire acabando su sueño de manera infortunada. Lo mismo puede ocurrir con quienes se acercan demasiado al poder y se identifican con el fuego de su dominio político y cultural. Así, este mito viene como una perfecta alegoría para reflexionar sobre el Comunicado que un grupo de cantantes, profesores, actores y escritores de best-sellers han difundido sobre la crisis económica y social y sus posibles salidas. Esto no tendría importancia si no fuese porque los personajes que firman el documento no estuvieran connotados por sus actuaciones pasadas. Se trata de un grupo muy significado de gentes vinculadas al partido socialista y sus estructuras propagandísticas. Cantantes que vienen repitiendo durante décadas las mismas y reiteradas canciones, actores que pertenecen al circuito artístico del Ministerio de Cultura, escritores que están dentro del reparto de premios y consignas ideológicas…; en general, un amplio repertorio de personajes que viven de las subvenciones, los favores y el mecenazgo. Pero lo que más llama la atención de la proclama de este grupo es el pseudolenguaje de “izquierda” utilizado en él. Un lenguaje que se presenta como “crítico y progresista”, apelando a todos los tópicos manidos al uso. Se habla de neoliberalismo, de neoconservadurismo, de avaricia… y todo ello aderezado de un sin fin de estereotipos cuya finalidad es dar la impresión de que se está en un país “avanzado”.

 

Sin embargo, la verdad desgraciadamente es otra. Tras la fachada de este lenguaje “crítico” lo que se demuestra, sin embargo, es que las relaciones entre la cultura y el poder siempre han sido relaciones peligrosas. El poder, por su naturaleza, tiende como Saturno a devorar a sus hijos, y en el tema de la creación la cercanía del poder paraliza e inmoviliza, como la mirada de Gorgona, cuerpos y conciencias. Esa inmovilización de las conciencias es el efecto más claro del compadreo del poder sobre los creadores: la parálisis intelectual, creativa y moral que el necesario distanciamiento crítico sufre y experimenta cuando cultura y gestores del poder se relacionan indiferenciadamente. Cultura y poder deben mirarse en la distancia, especialmente porque no hay cultura auténtica si ésta está dirigida, financiada y propiciada por los poderosos; y si ello es así, entonces estaríamos ante el funcionamiento de un lobby de la Industria Cultural planificada con intereses económicos y políticos, en vez de ante creadores libres e independientes en sus creaciones.

 

Un tema, no obstante, no puede olvidarse: bajo la estrategia de “protesta” ante la crisis, se oculta el férreo control que se está ejerciendo sobre la cultura y la educación en nuestro país y, en general, en el planeta. Poderosos grupos mediáticos e ideológicos controlan y dirigen el sector editorial, multinacionales discográficas que difunden un modelo musical segmentado por consumo de grupos de edad y clase social, productoras cinematográficas dependientes de los imperativos internacionales y de sus intereses ideológicos del momento (eutanasia, emigraciones o ataques periódicos a corrientes de pensamiento como el marxismo, el cristianismo o las no acordes con el folclórico multiculturalismo de la Globalización). Es decir, nos encontramos con una falsificación cultural nueva y diferente, ya que ésta es un efecto más y característico del predominio de la razón cínica de la reciente clase política globalizada. Una clase política enriquecida vertiginosamente, preocupada en exceso por la moda y el estilismo, una “nueva clase media” deslumbrada y obnubilada por los mecanismos y resortes del Estado (Estado que al mismo tiempo no reconocen como patria ni nación con su tradición cultural popular y clásica) y, en general, este reciente grupo político difundirá una cultura creada para adoctrinar en los valores y actitudes acordes con la economía global y su necesidad de movilidad de capitales y personas.

 

En fin, un espectro más de los simulacros que vivimos: artistas que viven de los aledaños del poder, políticos que se disfrazan de “izquierda” y que serían incapaces de decir cuatro títulos de los autores clásicos de todas las épocas, profesores que centran su Currículo académico y docente más en la gestión burocrática que en la enseñanza y el conocimiento.

 

En suma, los nuevos Ícaros ante el poder no sólo se queman en su viaje sino, sobre todo, se ciegan en una ceguera culpable y cómplice que contagia e infecta con su cinismo aquellos ideales, proyectos y utopías que han sido el sentido de la creación cultural y educativa del pensamiento ilustrado y transformador.

Ícaro
Ilustración Crítica
Ilustración Crítica