Los derrotados en la democracia de partidos

Equipo Editorial

Alguien puede preguntarse sobre quiénes han sido los auténticos perdedores en el paso de la sociedad franquista a la sociedad partitocrática actual. Habrá quienes consideren justamente que los derrotados han sido los obreros y trabajadores; otros considerarán que los vencidos no han sido otros que quienes carecen de poder para hacerse oír con verdadera libertad de expresión en los medios masivos de comunicación. Del mismo modo, hay quienes sostienen que los perdedores no son sino quienes carecen de trabajo o de una vivienda digna…, es verdad que hay una ingente población sometida a los caprichos de quienes tienen todos los resortes del dominio económico, social y cultural. Pero en este Artículo vamos a referirnos a un grupo que sí que ha constituido el conjunto de quienes, desarrollando su vocación, han visto pisoteadas sus ilusiones y actitudes. Nos referimos a los Profesores de Secundaria y a los Profesores de Bachillerato.

Hablar de este grupo profesional y silenciado nos lleva a reflexionar sobre cómo se les han ido quitando derechos, principios y posibilidades para ejercer su actividad.

 

Es cierto que en la situación contemporánea de crisis económica internacional globalizada en la que vivimos, miles de perdedores sobreviven en Europa y en el resto del planeta, pero aquí aludiremos en concreto, a los Profesores de Enseñanza Secundaria Pública. Se trata de un amplio grupo de individuos intelectualmente muy preparado y de una enorme importancia cultural y educativa. Los Profesores de la llamada tradicionalmente Enseñanza Media, no obstante, han sido degradados y humillados desde el inicio de esta mal llamada “democracia“, pero veamos cómo se ha producido esta situación y cómo se ha ido desarrollando el rebajamiento y desvaloración de los Profesores de Bachillerato en los Institutos de Enseñanza Secundaria, los denominados IES.

 

Si acudimos al final de la década de los años setenta del cercano siglo pasado y en el comienzo de la Transición, los Institutos de Enseñanza Media recogían una tradición histórica de gran reconocimiento y valoración social. En los años del tardofranquismo, cuando ya se percibía la muerte de Franco y el cambio de régimen, el prestigio de los Profesores de Secundaria se consolidaba como una de las profesiones más valoradas por la población en general, principalmente porque durante los años del franquismo numerosas figuras de enorme valor intelectual se habían dedicado a la docencia en los centros de Bachillerato para seguir su labor de creación y enseñanza. Auténticas vocaciones vitales y del conocimiento tienen su origen en grandes figuras de la Educación Secundaria, que entendieron, con su labor y trabajo cotidiano en esa etapa educativa, que la base de la Educación comenzaba a despertar su inteligencia y su sensibilidad libremente.

 

Durante el franquismo las más importantes figuras intelectuales se dedicarán y refugiarán en las Cátedras y Agregadurías de la Enseñanza Media

 

No podemos olvidar que en las primeras décadas del siglo XX aún se percibía en los sectores de la pequeña burguesía las influencias de la Institución Libre de Enseñanza y el sentido pedagógico de la ILE, y aunque en sus orígenes predominó un cierto elitismo y misoginia también es evidente que su repercusión con la Residencia de Estudiantes y las Misiones Pedagógicas fueron un factor fundamental de extensión del conocimiento y de la tradición cultural del país. Esta herencia la van a recoger décadas después los Institutos de Enseñanza Media.

 

En efecto, durante el franquismo las más importantes figuras intelectuales se dedicarán y refugiarán en las Cátedras y Agregadurías de la Enseñanza Media. La Universidad será, y sigue siendo, un reducto de élites y de minorías más centradas en la actividad política. En estos años setenta se estará a la espera del fallecimiento de Franco y el inicio de una Transición hacia la institucionalización de unos partidos políticos que recordarán el turnismo o la alternancia partidista del siglo XIX. Así, el amparo y camino para quienes no podían acceder a enseñar en la Universidad no dejaba de ser sino el preparar oposiciones a Instituto. Oposiciones de gran dureza y solidez.

 

Durante los años del franquismo, las Oposiciones de Cátedra y de Agregaduría para ser profesor consistían en varios ejercicios: uno de carácter escrito en relación a un temario del que por sorteo se sacaba uno de los múltiples temas del área de conocimiento, otro ejercicio era de carácter práctico, y la famosa “encerrona” en la que asimismo se extraía también por sorteo otro de los temas del amplio temario. De este modo, quienes lograban aprobar demostraban un gran conocimiento de su especialidad. Toda esta situación convertía en auténticos centros de conocimiento los Institutos de Enseñanza Media, recordándonos que anteriormente asimismo habían sido Profesores de Secundaria poetas tan universales como Machado o científicos como Puig Adams, historiadores como Antonio Domínguez Ortiz, ensayistas y críticos literarios como Vicente Tusón o Juana de José, también escritores como Gerardo Diego y Gonzalo Torrente Ballester, y tantos otros autores esenciales de la cultura del siglo XX. Aparte de estos profesores quién no recuerda estos años tan fundamentales de formación afectiva e intelectual que marcarían éticamente y profesionalmente toda la vida.

 

Todo este conocimiento, sin embargo, se va a alterar con la llegada de la Democracia después de la Transición de finales de los años setenta y principios de los ochenta. La Transición, no obstante, aún no tenía de una forma evidente el rumbo que iba a emprender el país. Durante el gobierno de Adolfo Suárez hubo un intento de establecer una carrera docente continuada en la que se pudiese pasar de la Enseñanza Media a la Enseñanza Universitaria de manera directa y objetivamente meritoria. Este planteamiento recordaba los planes de continuidad de los Liceos franceses en su entrada a la Universidad francesa. Por ejemplo, el antropólogo y uno de los creadores del Estructuralismo como Claude Lévi-Strauss fue uno de los profesores que siguió este modelo de continuidad educativa desde los Liceos equivalentes a la Enseñanza Secundaria a la Universidad. Tal posibilidad abría nuevos incentivos a los profesores que habiendo leído y presentado la Tesis Doctoral podían continuar en su carrera académica y profesional. Sin embargo, este proyecto de la Unión de Centro Democrático (UCD) se verá truncado cuando en el año 1982 el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) gane las elecciones y se extienda como una mancha de aceite por todas las instituciones y organismos políticos, sociales y culturales.

 

El triunfo de Felipe González significará la modificación general de los criterios de la UCD y, especialmente, en el ámbito de la Educación y de la Cultura. Lo primero que llevará a cabo consistirá en crear “macroinstitutos” que perderán su autonomía y se integrarán a ellos cursos de Primera Enseñanza. Desaparecen las Oposiciones a Catedrático y se consolida la LOGSE como Ley Orgánica General del Sistema Educativo. En esta Ley Orgánica se establecerá un itinerario docente desde la primera enseñanza a lo que será denominada como la ESO; es decir, un proyecto educativo en el que se realiza una enseñanza obligatoria en la que los alumnos deben aprender conocimientos mínimos muy cercanos a la enseñanza elemental. La educación más compleja se hará en un Bachillerato de dos cursos (1º y 2º) que culminarán con la Selectividad y el paso a la Universidad.

 

La creación de numerosas optativas incide asimismo en la confusión que los estudiantes tienen en su plan de estudios, introduciendo un cierto desajuste y desorden en los conocimientos fundamentales y en los accesorios

 

En esta educación se empiezan a escoger asignaturas que complementan las que podríamos considerar troncales, pero no debemos olvidar el comentario de un sociólogo de la Educación tan fundamental como Pierre Bourdieu, cuando consideraba que si queremos que los alumnos y, en especial, la clase obrera se equivoque dejemos que elija entre “optativas” [1] muy diferentes, como pasa, por ejemplo, en los Estados Unidos. Por tanto, la creación de numerosas optativas incide asimismo en la confusión que los estudiantes tienen en su plan de estudios, introduciendo un cierto desajuste y desorden en los conocimientos fundamentales y en los accesorios. No podemos olvidar que algunos estudiantes norteamericanos han conseguido su título de secundaria con asignaturas como cerámica o como jardinería, lo que demuestra hasta qué punto la selección por clase social influye en el sistema educativo y, sobre todo, universitario norteamericano [2]. La influencia del modelo norteamericano sobre el español es de tal magnitud que el inglés se ha convertido en lengua fundamental y al mismo nivel que el castellano. Los centros bilingües se han extendido como “setas” en el panorama educativo español. Colegios e Institutos se consideran más selectos y seleccionados al poner en la fachada del edificio el cartel de centro bilingüe, olvidando que el español es la segunda lengua más hablada del mundo y, sin embargo, esta supeditación al inglés demuestra una vez más el complejo de inferioridad que los españoles demuestran ante el idioma del imperio anglosajón y su globalización. Posiblemente ciertas instituciones culturales podrían hacer más por la difusión del idioma español.

 

Pero no solamente éstas son las causas de la postergación y descrédito del profesorado, cuanto también fenómenos sociológicos contemporáneos que han actuado y actúan en este descrédito del profesorado. En este sentido, las denominadas “emigraciones pactadas”, es decir, las que establecen diferentes gobiernos con la finalidad de incrementar la emigración de la población de un determinado país mediante la entrada de empresas del otro país.

 

Se podría decir que es un intercambio de habitantes a cambio de la recepción de empresas y compañías industriales, de manera que un país aporta ciudadanos y el otro envía firmas empresariales.

 

La llegada de diferentes pueblos y sus culturas respectivas ha recaído sobre el sistema educativo, produciendo otras dificultades y problemas no pensados en décadas anteriores

 

Esta expatriación de población es una de las constantes de la economía globalizada de la actualidad. En estas condiciones se defiende un multiculturalismo que afirma que todas las culturas valen lo mismo; y que aunque se emigre a un nuevo país de acogida, se van a mantener las mismas tradiciones y costumbres que las del país del que se emigra. Con ello, resulta extremadamente difícil la integración de los emigrantes en los países de llegada. Este multiculturalismo ha sido considerado como la ideología dominante de la Globalización, pero con él también han venido otros aspectos que merecen ser destacados. Y entre tales aspectos, de nuevo, el sistema educativo se va a convertir en el núcleo sobre el que van a recaer los recientes problemas y contradicciones del conflicto social.

 

En efecto, la llegada de diferentes pueblos y sus culturas respectivas ha recaído sobre el sistema educativo, produciendo otras dificultades y problemas no pensados en décadas anteriores. Jóvenes y niños de culturas tan diferentes como la árabe, asiática o africana son inscritos en colegios y en institutos españoles. Alumnos que apenas entienden el idioma, y que traen los prejuicios y estereotipos adquiridos en sus lugares de origen, por ejemplo profesoras que se han encontrado con el rechazo de muchachos musulmanes que consideran que las mujeres no tienen “categoría” para enseñarles. Este problema en culturas en las que la mujer está considerada inferior al hombre, se traslada a los países europeos con este exilio de poblaciones de países sometidos todavía a gobiernos y costumbres casi tribales y primitivas. Estos conflictos son habituales en centros e institutos en los que gitanos, africanos y otras etnias se codean con chicos y chicas nacionales y, como consecuencia, todos juntos se estropean en los centros docentes.

 

¿Qué ciudadanos habrá en un futuro en el que con la Globalización el trabajo será escaso, las oportunidades de poder hacer una vida autónoma e independiente se hacen cada vez mínimas y, a la par, se agudizan las diferencias por pertenencia a clase social, partido o a grupo social?

 

El fracaso escolar es otro de los contratiempos con los que se encuentra el profesorado en las actuales circunstancias. Un fracaso que proviene, especialmente, de unos planes de estudio desfasados y desorientados ante la gravedad de los conflictos, choques y antagonismos contemporáneos. Conflictos que son parte esencial de esta Globalización económica, social y cultural, y que derivan en un juego de un mal llamado e impresentable concepto como “capital humano”, que recae en algo tan primordial como es la Educación.

 

En consecuencia, ante esta situación no nos queda más que considerar que quienes han perdido en la democracia de partidos no pueden dejar de ser sino los Profesores de Secundaria. La mezcolanza de culturas y creencias, la violencia en las aulas, la pérdida de autoridad del profesorado o la dejadez y desmotivación con los que asisten unos escolares habituados a las redes sociales e Internet para diversiones que enmascaran el profundo tedio juvenil, al que está sometida una generación a la que se le está robando y sustrayendo la cultura y el conocimiento en su sentido racional y creativo. La pregunta, pues, no deja de ser: ¿qué ciudadanos habrá en un futuro en el que con la Globalización el trabajo será escaso, las oportunidades de poder hacer una vida autónoma e independiente se hacen cada vez mínimas y, a la par, se agudizan las diferencias por pertenencia a clase social, partido o a grupo social? Esta es la gran interrogación que nos queda en un futuro cercano y previsible, futuro que esperemos no vuelva a repetir los errores y equivocaciones del presente.

NOTAS:

 

[1] Bourdieu, P. (1988): La Distinción. Criterios y bases sociales del gusto. Madrid, Taurus. Este gran sociólogo diferenciaba entre “capital escolar” y “capital cultural” en función de las clases sociales. Para la clase obrera y popular se destina “el capital escolar” y para la clase media y media-alta “el capital cultural”.
[2] Bowles, S. y Gintis, H. (1985): La instrucción escolar en la América capitalista. Madrid, Siglo XXI.