Los fariseos y la educación pública – Equipo Editorial

La falsedad y el disimulo ha sido siempre la característica de quienes detentan el poder. Desde Maquiavelo hasta nuestros días el cinismo caracteriza a políticos y representantes sociales, así la demagogia se hace connatural con la psicología de líderes y gobernantes como si la genética se alterase por efectos del mando.

LOS ANTECEDENTES DEL ATAQUE A LA ENSEÑANZA PÚBLICA

 

El cinismo político no se trata, pues, de una condición personal sino de una consecuencia del ejercicio actual del gobierno de las sociedades.

 

Ética y poder están tan separados como el agua y el aceite y, en la mayoría de casos, son incompatibles. La extrema incompatibilidad se hace manifiesta cuando hablamos de cuestiones educativas. Por definición la educación es el libre desarrollo de las facultades humanos, tanto individuales y colectivas y desde el Siglo XVIII, -nuestro amado Siglo de las Luces-, la extensión del conocimiento entre el pueblo ha movido los ideales de perfeccionamiento de la población. Coinciden estos deseos de hacer una sociedad mejor en el Siglo XX –el Siglo de las Masas- con la instauración del Estado de Bienestar después de la Segunda Guerra Mundial. Un Estado creado por las élites vencedoras para evitar que los países occidentales “se contagiaran” de los países comunistas que en poco tiempo habían tenido importantes éxitos sociales (el paro se había reducido a su mínima expresión, la educación y la sanidad se generalizó en la población, la cultura, especialmente, la clásica se divulgó no siendo patrimonio de minorías o pequeños grupos), y aunque estas sociedades no pudieron avanzar en sus estructuras por la presión ejercida por el bloque occidental, lo cierto no obstante fue mayor prosperidad para más habitantes del bloque soviético. Sin embargo, las carencias de posibles evoluciones políticas fueron aprovechadas por los países de la OTAN para llevar una radical Guerra Fría entre la población de los países comunistas.

 

En esta tajante Guerra Fría los medios de comunicación de masas apostaron y jugaron por campañas de manipulación ideológica en las que “la alegría” del capitalismo se contraponía a la “tristeza” del comunismo.

El enfrentamiento entre Estado y Mercado será el signo con el que se abre el Siglo XXI – el Siglo de la Geopolítica del Caos -.

La cantidad de recursos económicos e intelectuales puestos en movimiento resumen las tensiones entre los dos Bloques en los años precedentes al derribo del Muro de Berlín en mil novecientos ochenta y nueve. A partir de este momento los países de la OTAN van a tener las manos libres para establecer el régimen anhelado después del conflicto bélico: un liberalismo extremista o neoliberalismo fanático del Mercado. El enfrentamiento entre Estado y Mercado será el signo con el que se abre el Siglo XXI – el Siglo de la Geopolítica del Caos -.

 

Ya había advertido Max Weber a comienzos del XX que el Estado y sus funcionarios eran la racionalización de la sociedad. Quería decir con esto Weber, como genial sociólogo alemán, que la Función Pública garantizaba la equidad y la justicia entre los ciudadanos, y para ello analizaba las características del funcionario como servidor del Estado: conocimiento, imparcialidad, no propiedad de su cargo público, mérito y legitimación mediante oposición o pruebas de acceso público para ejercer su profesión. De este modo, tras la caída del Muro berlinés y de los países socialistas, el único obstáculo que quedaba por demoler el Estado de Bienestar era el sistema de acceso por Oposición pública al Estado, y en este sentido el profesorado va a ser el sector más atacado y combatido por los defensores de la privatización total de las sociedades del antes llamado Primer Mundo.

 

LA EDUCACIÓN PÚBLICA Y SUS ENEMIGOS

 

En un contexto de crisis artificial creada por el capital financiero lo primero que se plantea será recortar y dejar en su mínima expresión el Estado de Bienestar, estructura política y social que representa la objetividad en las instituciones, será atacar la Función Pública. De esta forma, introducir la crisis económica en el Estado será el primer toque dado por el gran capital sobre los principios de equidad y libertad estatales. Desde este punto de vista los funcionarios y, en especial, los trabajadores de la Enseñanza van a ser considerados los adversarios primordiales de la implantación de la sociedad globalizada. Los profesores pasan a ser “los chivos expiatorios” que deben “pagar” por su gran “pecado”: la idea ilustrada de difundir el conocimiento entre el pueblo.

 

En esta ofensiva los medios de comunicación de masas ejecutan y acatan el papel de voceros de los dueños de la crisis (sistema bancario, multinacionales, inversores, especuladores, financieros y políticos de todo pelaje) se alían en un conglomerado de intereses que recuerda más a una pandilla que a una agrupación empresarial. En este amasijo de beneficios y ganancias se hará necesario eliminar la conciencia histórica, y para ello arremeter y desacreditar a los profesores y su función social. La primera agresión va a surgir en el sector de los políticos transnacionales –los representantes de los organismos internacionales y nacionales-. Este sector está conformado por personajes públicos muchos de los cuales pertenecen a Consejos de Administración de empresas multinacionales (Exxon, Texaco, IBM …). Compañías con réditos y ganancias en contratos con la Administración Pública gestionada como una agencia o delegación estatal de las grandes corporaciones.

La corrupción entendida como desintegración y envilecimiento institucional estará en el asalto y ofensiva a la Educación Pública.

No es de extrañar que al leer sus listas de componentes encontremos nombres de políticos que nos resultan familiares y muy conocidos. Pero no sólo descubrimos a políticos entre las filas empresariales sino que hallamos también lo que Norberto Bobbio denominaba como poder oculto; es decir, políticos, gobernantes, artistas mediáticos, periodistas…que pertenecen a “hermandades” o grupos ligados a sectas y asociaciones secretas o discretas (masonería, Comunicación y Liberación, secta Moon, etc.). En general, todo un conjunto de asociaciones en las que el deterioro del Estado bien administrado y honestamente gobernado pasa a ser su objetivo prioritario y radical. La corrupción entendida como desintegración y envilecimiento institucional estará en el asalto y ofensiva a la Educación Pública.

Entre los portavoces de esta ideología están catedráticos de Universidad de reconocido prestigio que han dirigido con mano de hierro sus Departamentos hundiendo numerosas carreras académicas y científicas.

Pero a la vez que se dañan organismos estatales y administrativos, hay otros adversarios que intentan que quiebren los sistemas educativos. Nos referimos a oligarquías y grupos minoritarios con implicaciones en el sector privado de la Enseñanza. No se trata de órdenes religiosa que en muchos casos se hacen cargo de una población bastante abandonada en barrios y suburbios, cuanto de empresas de capital privado que negocian con grupos de poder, de interés y de presión (partidos, bancos, periódicos) para establecer centros educativos y fundaciones que divulgan la ideología del Mercado y de las “bondades” de la Globalización económica. Entre los portavoces de esta ideología están catedráticos de Universidad “de reconocido prestigio” que han dirigido con mano de hierro sus Departamentos hundiendo numerosas carreras académicas y científicas, y sirviendo a menudo a coaliciones muy alejadas del conocimiento (Trilateral y Usica, principalmente entre otras del mismo cariz). Estos ideólogos controlan y vigilan la difusión de corrientes científicas, autores y creadores que “interesan” a las multinacionales políticas, editoriales y mediáticas.

 

En consecuencia, los enemigos de la Educación Publica se resumen en unos conglomerados que van desde políticos corruptos con intereses no explícitos hasta empresarios transnacionales, y una amplia golfería que recuerda la picaresca y los truhanes de todas las épocas pasadas y presentes. En este mare mágnum la confusión y el desbarajuste fomentan una anarquía que privilegia a los sectores dominantes y a las camarillas del poder. El desgobierno y la deseducación agitan el predominio de la ilegalidad y de la desorganización de las sociedades, y en este imperio de la confusión la desorientación de los ciudadanos siempre jugará a favor de las oligarquías caciquiles.

 

LAS CONSECUENCAS DE LA DESEDUCACIÓN

 

El analfabetismo se eliminó en las primeras décadas del siglo XX en los países del Primer Mundo por la necesidad que el Capitalismo Industrial y el de Masas tuvieron para que la clase obrera aprendiera a firmar documentos y a manejar las potentes máquinas y aparatos de la economía productiva del mercado empresarial.

 

La ignorancia y el atraso se suavizaron con la intención de adaptar a los ciudadanos al nuevo orden económico y político creado por el Liberalismo. Ahora bien, el enseñar a leer y escribir al pueblo no significaba ilustrar a éstos, ni tampoco instruir a la población en conocimientos que pudiesen darles una defensa intelectual ante la explotación y la injusticia. La conquista de la Educación Pública será un logro conseguido tras largas y conflictivas décadas de espera y lucha. Serán los años sesenta y setenta del siglo pasado cuando se vayan imponiendo los sistemas educativos generalizados. El problema que a continuación se producirá, será el adoctrinamiento de los ciudadanos en los principios políticos dominantes. De esta forma, se distorsionan los procesos educativos sustituyéndose por los intereses de las necesidades empresariales adaptadas en la forma de programas docentes. Surge, entonces, la etapa de la reforma de los Planes de Estudio.

La deseducación como un proyecto de ignorancia dirigida por las élites internacionales se enfocará a las poblaciones de los países desarrollados con la maligna intención de impedir la expansión de la cultura en las sociedades globalizadas.

En los años ochenta la LOGSE modificará los niveles educativos, desarrollando un modelo educativo en el que se primará lo pragmático y rentable frente al conocimiento y la ciencia. El final del siglo XX y el comienzo del siglo XXI con la Globalización, (entendida como el gobierno de los poderosos sin frenos estatales ni institucionales), se consolidará el ataque radical contra los sistemas educativos. La deseducación como un proyecto de ignorancia dirigida por las élites internacionales se enfocará a las poblaciones de los países desarrollados con la maligna intención de impedir la expansión de la cultura en las sociedades globalizadas.

 

La estrategia neoliberal de reducir la educación a niveles casi cercanos al analfabetismo de otras épocas tiene que considerarse uno de los objetivos necesarios e imperiosos, si se quiere establecer “un orden” en el que las desigualdades de pertenencia a clase social vuelvan a fase históricas pasadas. En estas condiciones, la Enseñanza Pública se percibe como uno de los mayores impedimentos para la implantación de esta geopolítica internacional, en la que se intenta radicalmente que desaparezcan otras concepciones de la sociedad en las que prevalezcan los derechos a la educación, al trabajo y al bienestar conquistas adquiridas a lo largo de siglos de luchas revolucionarias.

 

Por tanto, la deseducación y el ataque al Estado de Bienestar son inseparables en los propósitos neoliberales de imponer el Mercado frente al Estado y una pseudocultura al servicio de las corporaciones multinacionales de la Industria de la Cultura para Masas. Desde esta situación, lo que se busca no es más que evitar que los ciudadanos asuman sus responsabilidades sociales y políticas en defensa de un profundo y concluyente cambio de modelo de sociedad. Por ello, las consecuencias de la agresión a la Enseñanza Pública y a la Función Pública deben ser analizadas de manera detallada y entre estas consecuencias se podrían enumerar:

 

  1. Al debilitar la Educación Pública se fortalecen los fenómenos de anomia social; es decir, la falta de normas y reglas colectivas con base educativa acaba creando sociedades en las que la delincuencia, el crimen organizado y la corrupción afloran como resultados de este estado de anarquía colectiva.
  2. También, no hay que olvidar que la corrupción política y económica están estrechamente ligadas al proyecto internacional de deseducación de los ciudadanos con la intención de contaminar la totalidad de instituciones colectivas, dejando a los países indefensos ante la llegada en tropel de consorcios financieros y de empresas multinacionales, así como el predominio de políticos y líderes corruptos vinculados con los planes de estas gigantesca corporaciones transnacionales.
  3. El propósito, en última instancia, sería abandonar a los ciudadanos a una guerra de todos contra todos, un estado presocial en el que “los fuertes” (especuladores, banqueros, diferentes grupos económicos internacionales, criminalidad interestatal …) acabarían dominando a unas poblaciones sumidas en el caos y la confusión.

 

Este es el panorama que el neoliberalismo nos quiere imponer en un futuro no excesivamente lejano, y en todo este escenario arrancar la educación al pueblo resulta el plan principal del triunfo del Mercado contra el Estado, de lo lucrativo frente a lo justo y de lo eficaz contra lo ético y racional. El trazado y planificado propósito de una humanidad sin educación, indefensa culturalmente y desamparado ante los poderosos y los corruptos sería la victoria de ese “mundo feliz” soñado por quienes quieren contaminar y dañar sociedades, conciencias y culturas, convirtiendo a los ciudadanos en siervos y obedientes sometidos ante la dominación de unas minorías arbitrarias, soberbias e inhumanas que tratan de conducirnos a un planeta absurdo, salvaje y cruel.