Postmodernidad, Narcisismo y Lógica Cultural

La Dominación simbólica en la globalización
Una Teoría Crítica sobre la Postmodernidad
Blanca Muñoz, 2014

A partir del comienzo de la Globalización se ha ido imponiendo una reciente cosmovisión que algunos teóricos actuales denominan como era del vacío. El filósofo y sociólogo Gilles Lipovetsky reflexiona sobre el tema del individualismo contemporáneo. Para el autor francés:
A cada generación le gusta reconocerse y encontrar su identidad en una gran figura mitológica o legendaria que reinterpreta en función de los problemas del momento: Edipo como emblema universal, Prometeo, Fausto o Sísifo como espejos de la condición moderna. Hoy Narciso es, a los ojos de un importante número de investigadores, en especial americanos, el símbolo de nuestro tiempo: ``El narcisismo se ha convertido en uno de los temas centrales de la cultura americana``. {1}

El narcisismo equivale a egolatría. El yo se impone sobre la totalidad de individuos o de cosas. La cosificación y el fetichismo adquieren una nueva condición. Se podría afirmar que con el triunfo de la ideología postmoderna está directamente relacionado con la Globalización económica, e incluso como afirma Frederich Jameson en su libro “El posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado” son inseparables las características de la Postmodernidad de la aparición de las sociedades globalizadas.

Para entender por qué se conexionan de esa manera tan peculiar una corriente estética y filosófica como es la postmoderna y una economía que se quiere presentar planetaria, hay que hablar del nexo de unión que media entre una y otra. Nos referimos a la cosmovisión que se articula sobre la razón cínica.

Comprender este aspecto nos va a dar algunas claves para considerar el modelo de subjetividad que predomina en las sociedades del Primer, Segundo e incluso Tercer Mundos. Se puede considerar que, en la actualidad, con el poder de los mass-media hay una uniformidad generalizada en las psicologías colectivas. La machacona e interesada concepción de las diferencias culturales oculta la perniciosa ideología del folclorismo antropológico, al que nos hemos referido con anterioridad en nuestro estudio.

 

Se vive en el momento presente en una paradoja: la ideología del multiculturalismo en una economía que pretende extenderse como una mancha de aceite planetaria.

 

Se vive en el momento presente en una paradoja: la ideología del multiculturalismo en una economía que pretende extenderse como una mancha de aceite planetaria.
Adaptar a los ciudadanos de los múltiples países y grupos a los requisitos de las redes financieras y comunicativas que imponen sus criterios como “lo progresista y lo adelantado”, se ha convertido en el objetivo determinante de la Globalización, y para ello se tendrá que apelar a unas estrategias en las que la confusión se encubra con elaboradas técnicas mediáticas.
La Postmodernidad tiene que fechar sus inicios en mil novecientos setenta y tres con el derrumbe de las viviendas sociales en la norteamericana ciudad de San Luís. Coincide este años con la primera crisis del petróleo, lo que nos indica hasta qué punto están unidos el pensamiento postmoderno y la economía globalizadora, pero asimismo no debemos olvidar que muy pocos años después en 1989 con la caída del Muro de Berlín y el final de la Guerra Fría, la Geopolítica internacional se modifica radicalmente.
Se necesitará una ideología que dé “coherencia” a esta situación y de aquí que aparezca la Postmodernidad como el éxito del pensamiento débil, tal y como Gianni Vattimo denominará a la especulación antiilustrada que representa. [2]

 

Pues bien, si algo define a la actitud postmoderna es la banalidad, esa era del vacío a la que Lipovetsky hacia alusión. [3] La deconstrucción será la metodología antiestructuralista utilizada. [4]

 

Nos encontramos con una ideología del anti: antiilustración, antiestructuralismo, antiPlatónismo, antifreudianismo… Se parece a esa actitud de los niños malcriados que para afianzar su ego, tienen que negar y rechazar cualquier cosa que provenga de los adultos.

 

Nos encontramos con una ideología del anti: antiilustración, antiestructuralismo, antiPlatónismo, antifreudianismo… Se parece a esa actitud de los niños malcriados que para afianzar su ego, tienen que negar y rechazar cualquier cosa que provenga de los adultos. El rechazo de la Modernidad y de los ideales del Siglo de las Luces es de tal repulsa que casi se trata más de un odio profundo y soterrado que de un modo de entender la sociedad. Pero la pregunta no deja de ser: ¿por qué esa aversión tan manifiesta? Responder qué causas han llevado a esta actitud estética, ética e intelectual, requiere adentrarse en quiénes concentran, defienden y por qué tal antipatía antimoderna.
En una primera mirada a la Postmodernidad se observa un extremado rechazo a la concepción filosófica clásica griega que diferencia entre apariencia y realidad; o también, entre lo latente y lo manifiesto. En ambos casos lo que se evita es profundizar en la naturaleza reflexiva de las cosas; por ello, la razón cínica sustituye el análisis causal y crítico por la paradoja agresiva y el humor sarcástico. Se modifica el principio de causalidad racional por la provocación descarada y desafiante, que quiere generar unas risas en las que la jocosidad malsana y nociva sustituya el argumento documentado y veraz.

Una consecuencia de este triunfo del cinismo lo encontramos en las subjetividades que se fomentan en el actual cine para niños y adolescentes. En una de las variadas versiones de “Alicia en el país de las maravillas” el relato transcurre en un psiquiátrico, lo maravilloso se ha transmutado en decepcionante, los personajes parecen sacados más de un sanatorio para alienados psicópatas que de la narración de Lewis Carroll. La patología revolotea en las producciones juveniles e infantiles hollywoodienses. El paroxismo irracional, lo violento, la parodia exaltada, lo morboso y enfermizo se presentan como las subjetividades “normales” y adecuadas a los tiempos postmodernos. La razón cínica desplaza a la razón crítica y la banalidad sustituye a lo razonado y esencial. El barullo invade la reflexión sosegada, y todo queda sometido al intercambio económico e ideológico.

En resumen, las subjetividades y las psicologías en el tiempo de la Globalización se encuentran con unos espíritus deshabitados en los que lo que se había considerado lo humano desaparece ante el avance de la actitud postmoderna. El cinismo y la frivolidad conforman la cosmovisión generalizada de los ciudadanos, imponiéndose esa era del vacío a la que se han referido los pensadores críticos.

 

El cinismo y la frivolidad conforman la cosmovisión generalizada de los ciudadanos, imponiéndose esa era del vacío a la que se han referido los pensadores críticos.

 

El poder y el principio de dominación colectiva se han adueñado de cuerpos y mentes como si hubiesen llegado unos alienígenas de otro planeta. Las élites minoritarias han despojado a las mayorías de individuos de sus facultades y sentimientos. Del Arte desaparece la emoción y la sensibilidad, del pensamiento la racionalidad y la coherencia, y de la ciencia la curiosidad y la indagación creadoras. Todo ha quedado sometido a los grupos de poder transnacionales y sus objetivos inmediatos. Marcuse comentará:

 

Un final del arte sólo cabría concebirlo en una situación en que los hombres ya no fueran capaces de distinguir entre lo verdadero y lo falso, entre el bien y el mal, entre lo bello y lo feo. Se trataría de un estado de barbarie en el cenit mismo de la civilización.[5]

 

La Geopolítica de la Confusión se extiende como un magma maligno en el momento contemporáneo hasta imponer un caos en el que una nueva barbarie aturda y desconcierte equivocando, como afirma Marcuse, lo verdadero y lo falso, el bien y el mal o lo bello y lo feo. Se trataría de un final de la Historia, pero no de la Historia del planeta cuanto de lo histórico entendido desde la perspectiva consciente, crítica y civilizadora que ha llevado a la Humanidad a los mejores hallazgos y creaciones que han transformado y transfigurado convirtiendo en humana, sensible y bondadosa a nuestra especie.

NOTAS:

 

[1] Lipoversky, G. (2000): La era del vacío. Barcelona, Anagrama.
[2] Vattimo, G. y Rovatti, P. A. (1990): El pensamiento débil. Madrid, Cátedra.
[3] Lipovetsky, G. (2000): La era del vacío. Barcelona, Anagrama.
[4] Derrida, J. (1971): De la gramatología. Buenos Aires, Siglo XXI.
[5] Marcuse, H. (1978): Konterrevolution und Revolte. Francfort,Suhkamo, 1973, pág. 140. Contrarrevolución y revuelta. México, Joaquín Mortiz, 1978.

Equipo editorial