Reflexiones sobre el Proyecto Bolonia

Equipo Editorial (Octubre 2009)

Es cierto que la Universidad necesita una reforma en profundidad (por ejemplo, que las oposiciones sean auténticamente libres y en función del mérito y la capacidad, y no por pertenencia a un determinado partido como está ocurriendo en nuestros días), pero no es el “plan de Bolonia” la solución al desastre universitario que vivimos.

 

Al contrario, con este plan se agravan sus defectos y sus carencias.

 

Mucho se ha hablado de que con Bolonia las Universidades quedan en manos de las empresas y de las corporaciones privadas, también se ha incidido en que la reconversión que la LOGSE significó para la quiebra de la Enseñanza Media, viene ahora a traer lo mismo con esta contrarreforma boloñesa.

 

Pero lo que muy poco se ha destacado de este plan, es el aspecto que, personalmente, más preocupación me causa, esto es: el ataque a los fundamentos intelectuales de Europa.

 

Cuando se aplicó a LOGSE en algún lugar escribí que, al cabo de unos años de su aplicación, el caos se adueñaría de los centros escolares, y desgraciadamente ello ha sido cierto e indudable.

 

Alumnos que no saben ya quién era Sócrates ni Platón, comunidades que sólo conocen los ríos de su minúscula geografía, o sociedades que han perdido la memoria histórica o ésta puede ser fácilmente manipulada por los medios de comunicación.

 

En el caso de la Universidad nos vamos a encontrar con situaciones parecidas, e incluso peores. No hay que olvidar que desde hace unos años las sociedades europeas están viviendo un proceso de ataque directo a sus culturas bajo el tópico de “unificar los estudios”.

 

Los burócratas que nos gobiernan han emprendido una durísima ofensiva contra lo que es la genuina tradición intelectual del continente.

 

Lo observamos en las embestidas frente al cristianismo que cada vez son mediáticamente más injuriosas, pero también nuestra tradición critica ilustrada en la que Marx sigue estando vivo para comprender qué crisis estamos viviendo en la actualidad, tal y como está ocurriendo, por ejemplo, en Alemania que sus libros se han convertido en exitosos best-seller.

 

En último término, Bolonia significa que Europa pierda lo que ha sido su verdadera esencia colectiva, tal y como comentaba Edmund Husserl en su libro sobre “La crisis de las ciencias europeas” cuando afirmaba que en la Grecia clásica se despertó la conciencia crítica, y si ésta se pierde, no sólo perderemos la investigación no comprometida con el poder y sus gestores, sino que perderemos el verdadero sentimiento creativo, tanto ético como estético, que ha sido el patrimonio histórico de nuestra amada y hoy tan maltratada Europa.

Bolonia