Reflexiones sobre la juventud española

REFLEXIONES SOBRE LA JUVENTUD ESPAÑOLA, SU OCIO E INTERNET
Equipo Editorial (Octubre 2009)

Ahora que se cumplen los cuarenta años de la revolución estudiantil del Mayo francés de 1968, qué lejos quedan aquellos jóvenes de los jóvenes de hoy. Y si bien es cierto que aquel estallido juvenil quedó en un recuerdo casi folklórico, lo cierto es que, hoy, nos encontramos con una juventud que es radicalmente la antítesis de la de aquellos días.

 

En efecto, la característica principal de los jóvenes actuales es el hecho de estar marcados por el gravísimo proceso de deseducación que desde finales del siglo XX está marcando a las sociedades europeas. El rebajamiento de los sistemas educativos (se pierden los conocimientos a velocidad de vértigo como, por ejemplo, las lenguas clásicas, la Literatura nacional y universal, la Historia y, en general, todo aquello que posibilitaba un análisis de las causas de los fenómenos) y su sustitución por una simple formación técnica y pseudocultural ha hecho aparecer un fenómeno que cada vez resulta más alarmante: la confusión entre realidad y ficción. En estas condiciones, Internet hace llegar a su máxima expresión este desconcierto entre lo vivido y lo imaginario.

 

Por tanto, ha surgido lo que algunos sociólogos llaman la juventud redmediática; es decir, unos jóvenes que consumen sobre todo productos imaginarios y simbólicos. Los juegos de ordenador, los juegos de rol, las músicas y películas que “se bajan” de la red y, en general, todo un consumo que se convierte en un consumo de identidad, ya que se actúa dentro del grupo de iguales, de los amigos y del grupo de su misma edad y necesidad. Es un consumo relacional: juegan juntos pero permanecen aislados y ajenos los unos de los otros. Los “ciber-party” son representativos de las enormes salas llenas de muchachos y muchachas amarrados a sus ordenadores y consolas como Robinsones Crusoes en islas desiertas. Su vida asociativa y grupal es el reflejo más profundo de su aislamiento en una indiferenciada y absorta multitud.

 

Pero lo problemático de este consumo redmediático de imaginarios virtuales, aparece cuando a esa deseducación generacional se le dan unos sustitutos tecnológicos de la realidad tan exacerbados que la confusión y el caos entre lo imaginario y la vida real se alteran absolutamente.

 

Así, el teléfono móvil sustituirá la comunicación intersubjetiva y personal, y, a la par, medios tecnológicos como You-tube convierten en representación mediática los acontecimientos objetivos. Esto se observa cuando “se cuelgan” en la red como si se tratase de una película o de “un mero juego de rol” palizas vandálicas, actos de asesinado a personas débiles, acciones impensables en jóvenes considerados “normales”, etc.

 

Toda esta situación confirma que estamos ante una reciente subcultura juvenil en la que la confusión entre realidad y ficción se complementa con un ocio juvenil en el que, otra vez, la pérdida de la consciencia es la base de la diversión.

 

Diversión en la que se les ofrece a los jóvenes “otros consumos” de imaginarios ficticios como son los “macrobotellones”, las adicciones a peligrosos “pastilleos”, oscuros y funestos bares de copas, discotecas perversas a cargo de personajes malignos y dañinos, … Este es el panorama de “la diversión y del ocio” que se ofrece a una juventud que se podría considerar como una de las víctimas principales de la crisis de sociedad que estamos viviendo. Jóvenes caracterizados por el fracaso escolar de un inexistente sistema escolar, jóvenes que conviven en el hogar familiar por carecer de recursos materiales, trabajos que no convierten en “mileuristas” a una gran mayoría de ellos, Erasmus que “garantizan” la permanente “fiesta” pero que les malean en su sentido del trabajo, del conocimiento y de la responsabilidad…

 

En fin, toda una generación convertida en un grupo infantilizado mediante la más compleja y sofisticada tecnología mediática y comunicativa. Esta generación tendrá que “aprender a no-aprender”, tendrá que “creer que se divierte”, tendrá que “fingir y disimular que son jóvenes” y, sobre todo, tendrá que ser “siempre joven” sin conciencia de las contradicciones e incoherencias de una realidad cada vez más gestionada por la falsa y postmoderna perspectiva cínica del poder.

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