Sobre el cinismo y su partido postmoderno

Blanca Muñoz (2014)

Es paradójico lo que ha ocurrido en España en los últimos años: pasar de ser un país que podía ser considerado como uno de los más representativos de la Europa histórica, a entrar en una profunda fase de decadencia y deterioro social, político y cultural. Esta situación intriga, sobre todo, a quienes han vivido en el país y vuelven a él años después, y perciben un ambiente vital y humano muy diferente del que conocieron. Un profesor alemán me comentaba por qué volvíamos otra vez a las viejas andanzas de los años treinta del siglo XX, o a las luchas y rencillas fratricidas tan bien retratadas por Goya en su famoso cuadro. Lo que no es comprensible, pues, para una mentalidad europea es el deseo destructivo que, periódicamente, algunos sectores, (luego trataremos de concretar este aspecto), muestran para deshacer lo que tanto trabajo ha llevado construir, levantar y consolidar. Sin embargo como si del mito de Sísifo se tratase, en el momento en el que la enorme piedra llega a la cima de la montaña, reaparecen las mismas fuerzas y grupúsculos destructivos que hacen resbalar y deshacer lo conseguido.

 

Entender qué procesos han actuado en estos años para que renazca el mito de lo nunca consolidado en un país siempre en una eterna y hastiada crisis de realidad, nos lleva a reflexionar por qué conjuntamente con los mismos aspectos que, en el pasado, llevaron a España a su decadencia, ahora es fundamental no soslayar otros nuevos fenómenos que de manera directa empujan al país a otro ocaso de sus más profundas estructuras sociales e intelectuales. A continuación, a las viejas estructuras estudiadas por Joaquín Costa en su libro “Oligarquía y caciquismo como la forma de gobierno de España”, añadiremos las que consideramos recientes “formas” que han elaborado de manera planificada este declive al que sólo con una interesada y cómplice ceguera se puede negar o silenciar. Por tanto, vamos a establecer y a analizar unos recientes aspectos que han precipitado el que, de nuevo, la roca de Sísifo vuelva a rodar hacia abajo por esa montaña llamada España.

 

SOBRE ALGUNOS NUEVOS FENÓMENOS QUE CONTRIBUYEN A LA DECADENCIA NACIONAL

 

Hablar de este tema nos hace retroceder a Generaciones históricas como la Generación del 98 o la Generación del 27 [1]; sin embargo, en el momento presente el vacío intelectual en el que nos encontramos, es de tal gravedad que hay que considerar a éste como una de las más importantes cuestiones de nuestra época, y en este sentido ciertamente no sólo se percibe en España sino también en la mayoría de países europeos. Pero centrándonos en nuestro país, lo cierto es el hecho de que en Europa este fenómeno no conlleva la radical destrucción de lo conseguido, mientras que en el caso español los problemas colectivos nos arrojan siempre a soluciones dramáticas y fatalistas. En consecuencia en las páginas que siguen, vamos a tratar de hacer un rápido diagnóstico de nuestros males y sus patologías más actuales para tratar de completar los que en el pasado sufrimos y arrastramos como una losa o, peor aún, como una “maldición” casi histórica.

 

a) Los actores de la decadencia: La aparición de los políticos postmodernos.

 

Mucho se ha reflexionado sobre qué se puede entender bajo la tópica denominación de Postmodernidad [2]. Una copiosa literatura sociológica y filosófica ha tratado de establecer las características y constantes de esta perspectiva intelectual y casi podríamos decir cosmovisiva. Pero sin querer entrar en polémicas y debates teóricos, lo que se puede considerar como “el signo de los tiempos postmodernos” es el triunfo de la actitud cínica y sus efectos sobre la sociedad. Para tratar de explicar esa actitud cínica Peter Sloterdijk ha escrito su voluminoso libro “Crítica de la razón cínica” [3]. En este ensayo se trata de desarrollar una explicación pormenorizada de cómo se llegó al estado de decadencia de la República de Weimar en la Alemania de los años veinte del siglo pasado. En este sentido, la lectura del libro de Soloterdikj nos recuerda la situación actual de nuestra sociedad, pero con las diferencias que vamos a trata de plantear seguidamente.

 

En efecto, el parecido en algunos de los temas que se citan en el libro de Sloterdijk son evidente; pero lo que caracteriza y diferencia, no obstante, a nuestro país de la etapa de la época de Weimar serán los actores o sujetos representativos que están estableciendo y desarrollando esta “visión” cínica en el conjunto de nuestra sociedad. Este hecho requiere un estudio pormenorizado sobre quiénes han llevado a cabo la modificación más sorprendente de las ideologías y de las mentalidades de las clases medias españolas. Para explicar esta circunstancia es previo referirse a la formación de una nueva clase media caracterizada por su identificación no tanto con los valores europeos, cuanto de un “pastiche” de influencias mediáticas que muestra una enorme carencia de formación intelectual y reflexiva. Esto ha dado como consecuencia la aparición de un tipo de político representante de esta especie de subclase social. Pero lo que define principalmente a este “nuevo representante político” serán sus insuficiencias culturales, ideológicas e incluso morales. Se puede afirmar que ha nacido una tipología de políticos que, citando a Weber en su “El político y el científico” [4], no vive para la política sino de la política. De profesión desconocida esta subclase se ha desarrollado dentro de las estructuras del partido, primero como “chicos para todo” y luego como especialistas en la nomenclatura y sus formas de subir por ella. Eso sí, siempre han tenido muy claro quienes poseían el poder y a quienes había que halagar, aplaudir y felicitar de manera vehemente, vergonzosa y agradecida.

 

El análisis del “nuevo político” es uno de los estudios más interesantes de los últimos tiempos. Así, para pertenecer a este grupo la primera condición es no sobresalir en nada de lo que hasta ahora habíamos considerado como la garantía de una personalidad fiable. No tener cultura, no haberse educado con principios éticos o morales, no haber trabajado con criterios y méritos propios, tampoco haber hecho oposiciones no trampeadas o de “acceso directo”… son algunos de los aspectos que representan a estos “nuevos dirigentes” que “deciden” el destino de nuestra sociedad. Pero a estos criterios se une la llegada del pensamiento postmoderno. Esto es, una modalidad de entender la existencia en donde el cinismo, la banalidad y el narcisismo se convierten en las formas “normales” de actuar. A partir de aquí van a surgir unas psicologías actuales en las que predominan unos comportamientos caracterizados por aquellos que Machado consideraba como “el desprecio a todo los que se ignora”, estando aquí la clave de esta actual clase política. El menosprecio y desdén con el que se despachan temas como el concepto de Estado, la confusión entre cultura y civilización, la incapacidad para discernir lo que es importante de lo que sólo es accesorio, entre otros ejemplos de este tipo, nos ratifica que estamos ante la llegada radical de una ideología postmoderna sui generis. Una ideología de pensamiento débil representada por personalidades autoritarias, en el sentido dado por Horkheimer y Adorno; esto es: se hacen fuertes con los débiles y se humillan ante los que creen fuertes [5]. Y a partir de este criterio desarrollan su acción vital y de gobierno; pero eso sí, hay un punto central de esta visión ideológica de la vida: el estar a la moda. Esto lo hemos constatado desde los inicios de la aparición de este subgrupo social y político cuando, si tener ningún principio de coherencia intelectual ni de honestidad en relación al cargo y a sus funciones políticas representativas, la revista Vogue nos “avanzó el papel” que las mujeres iban a asumir en la organización estatal: posar afectadamente en posturas incoherentes y contradictorias con sus cargos políticos y la dignidad institucional de ellos. Otra vez, Sloterdikj en su “Crítica de la razón cínica” iba a tener razón al advertirnos de que postmodernidad y cinismo están inseparable e indisolublemente unidos.

 

b) El gobierno mediático o cómo manipular a la población con técnicas de opinión pública.

 

Si anteriormente nos hemos referido a la nueva clase gobernante, ahora vamos a precisar cómo actúan para lograr sus objetivos. Aquí es imposible separar acción política y medios de comunicación, ya que a menudo no se sabe si se gobierna para salir en los medios de comunicación o, al contrario, si los medios de comunicación son el auténtico Congreso de los Diputados. A este respecto, asistimos a la aparición de opinadores profesionales que crean “climas de opinión” y actitudes generales. Ante los acontecimientos y hechos colectivos, los líderes de opinión que encontramos en la actualidad, también, presentan características de ideología postmoderna; esto es, su “capacidad” para opinar de todo y su vinculación con grupos empresariales mediáticos y comunicativos. De tal modo que se puede afirmar que estamos en un proceso de control ideológico nuevo y diferente del anterior: es el triunfo de lo políticamente correcto, pero ¿correcto?… ¿para quién?… En las abismales simas de la comunicación contemporánea sobresalen personajes que, otra vez, nos llevan hacia la visión postmoderna de la realidad. Para entender esto, se hace primordial explicar que la canalización y frivolización de los temas se ha considerado como uno de los aspectos más definitorios de la nueva ideología. El humor cínico, e incluso despiadado, es una constante de las últimas mercancías hollywoodienses; y asimismo, la técnica comunicativa denominada como socavamiento simbólico se está imponiendo como una de las más utilizadas en nuestros días.

 

Consiste esta técnica, pues, en ridiculizar hasta casi llevar al esperpento creencias, personajes, sucesos que, en muchos de los casos, rozan la más absoluta pérdida de ética y racionalidad, aún se puede recordar cómo uno de estos “líderes” comunicativos en el día más trágico y terrible por el atentado más cruel de nuestra reciente historia, no podía ocultar su alegría, e incluso llegó a bromear con lo sucedido. Determinados canales televisivos se han convertido en difusores de actitudes y conductas para niños y jóvenes, ofreciéndoles “una auténtica parada de monstruos” contemporáneos que envilecen y denigran los comportamientos colectivos. No podemos olvidar recientes asesinatos realizados por jóvenes que recuerdan “los aprendices” de una futura sociedad sumergida en la barbarie y la crueldad. Y si a ello le sumamos la deseducación [6] que desde 1982 se está experimentando en nuestro sistema educativo, las conclusiones no puede dejar de ser más pesimistas y alarmantes.

 

En este contexto la nueva clase política se encuentra como pez en el agua. Si seguimos las observaciones de los estudiosos que definen la nueva modalidad de pensamiento, se coincide en el hecho según el cual los medios de comunicación de masas sustituyen el conocimiento informado de los acontecimientos banales y, de esta forma, todo resultará mediado por la visión cínica de la ideología postmoderna. Encontramos, por tanto, que se ha hecho “normal” reírse de un mendigo alemán como ha ocurrido en un programa televisivo de una de estas cadenas televisivas postmodernas, o se considerarán líderes de opinión en otra de tales cadenas a individuos/as que apenas han hecho la ESO y que, no obstante, crean “contagios” psicológicos, anímicos y sociales. Es un mundo al revés en el que se castiga el trabajo riguroso y serio; y, a la par, se premia lo chabacano, lo zafio y la ignorancia dirigida por los gestores de esas televisiones. Hace unos meses en un programa televisivo de máxima audiencia se pudo ver que ante la pregunta sobre quién era el autor de las tres Gracias de Rubens, el concursante inquirió atontado sobre qué era Rubens y qué significaba “tres Gracias”, confirmándose el estado de desconocimiento e incultura al que se ha sometido a la población en estos años de “democracia política”.

 

En definitiva, la opinión pública ha devenido en la hidra de las mil cabezas, pero mil cabezas previamente manipuladas y adoctrinadas. El comunicólogo McLuhan hablaba de que el medio era el mensaje [7], en este sentido habría que corregir esta observación y plantear que el mensaje se modifica según sea el medio que lo transmite, y en consecuencia una misma noticia recibe diferentes interpretaciones en función del canal televisivo o mediático que lo transmite y manipula. Con ello, la lucha política por hacerse con medios comunicativos ha embarrancado a toda Europa en un mar de confusiones y falsedades. En el caso español los máximos representantes del pensamiento cínico se han centrado en dirigirse a un segmento de población que tiene en la franja de edad de entre veinticinco y cuarenta y cinco años su público más adicto e incondicional. A ellos se envían mensajes y contenidos mediáticos en los que la totalidad de las características que definen la visión postmoderna de la realidad está de manera permanente; esto es, la banalidad, el culto al cuerpo, el narcisismo, la moda, el desprecio a la cultura clásica y, desde luego, la actitud cínica como forma de existencia. Todo lo anterior viene sazonado por un multiculturalismo de consumo en el que se desprecia lo europeo y lo nacional, y aparece esa otra peculiaridad postmoderna cómo será la excesiva e ideológica valoración de lo primitivo, lo arcaico y lo elemental como cultura dominante. Un “diálogo de civilizaciones” en el que lo complejo y razonado desaparece, pero también la ética y la responsabilidad moral que han civilizado y mejorado a sociedades e individuos. Es el triunfo del caos y de la confusión que la Postmodernidad y su representativo partido político, social y cultural tratan de conseguir a cualquier precio. Con ello, se trata de imponernos como “lo actual” y “lo nuevo” esta visión cínica del mundo, sin declarar su intención oculta y su objetivo final que no es otro que dar un temible paso hacia atrás en la evolución de las sociedades y de las conciencias. Este es el enorme y soterrado peligro que sobrevuela, sin duda, sobre Europa y sobre la atacada y vapuleada España de nuestros días.

NOTAS:

 

[1] Muñoz, B.: “Los postorteguianos y la tragedia del intelectual español: las escuelas de Madrid y de Barcelona o la regeneración por el conocimiento”, en “Sociedad y Utopía. Revista de Ciencias Sociales”. nº 33, 2009. págs. 105-143.
[2] Anderson, P.: “Los orígenes de la Postmodernidad”. Barcelona, Anagrama, 2000.
[3] Sloterdijk, P.: “Crítica de la razón cínica”. Siruela, Madrid, 2006.
[4] Weber, M.: “El político y el científico”. Madrid. Alianza, 1980.
[5] Adorno, Th. W. y Horkheimer, M.: “La personalidad autoritaria”. Proyección, Buenos Aires, 1967.
[6] Muñoz, B.: La Cultura Global. Medios de Comunicación, Cultura e Ideología en la sociedad globalizada”. Pearson-Prentice Hall, Madrid, 2005.
[7] McLuhan, M.: “El medio es el mensaje”. Paidós, Barcelona, 1980.

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