Un pueblo desmoralizado

Un pueblo desmoralizado
España y la decadencia planificada
Blanca Muñoz (Abril 2013)

La sensación de decadencia ha sido una de las constantes de la Historia de España. El debilitamiento y el deterioro del país a lo largo del tiempo se han hecho habituales para comprender los acontecimientos históricos más representativos. El ocaso del Imperio español desde el siglo XVII, la inexistencia de un Siglo Ilustrado, la degeneración política en el XIX o la corrupción moral y social que desembocaron en la Guerra Civil y sus secuelas posteriores en el XX e inicios del XXI, han sido hechos que han marcado la evolución del país.

Cervantes afirmó que España más que madre era madrastra, y esta afirmación se ha hecho una constante con el paso del tiempo [1]. La percepción de caducidad y abatimiento del país es tan real como el sentimiento general de desmoralización y pesimismo general de la población. Se ha extendido un clima mental y espiritual caracterizado por el desconcierto y la impotencia, pero ¿cuáles pueden ser las causas de este estado general de desorientación y desanimo individual y social?…

 

Remontarnos al pasado reciente es una excursión que nos sitúa en los inicios de la transición política de los años ochenta del Siglo XX. En este momento se pusieron los fundamentos del régimen sociopolítico actual. El turnismo entre dos partidos hegemónicos, la entrada de capital extranjero en la economía, la reconversión industrial, la modificación del sistema educativo y cultural, las alianzas institucionales con los organismos de la Guerra Fría (OTAN, UNESCO, Comunidad Económica Europea…); es decir, un conjunto de alianzas que más que derechos imponen deberes al país.

 

En estas condiciones, España se verá directamente afectada por los acontecimientos internacionales, precisamente, por su situación geopolítica y estratégica. El comienzo del siglo XXI va a repercutir de manera determinante en un territorio en el que se debaten poderosos intereses transnacionales. Para numerosos estudiosos de las ciencias sociales y políticas, la caída de las Torres Gemelas modificó profundamente el sistema económico y geopolítico internacional. Las guerras por el petróleo y por el diseño de un nuevo contexto geopolítico tras el derrumbamiento de los países del Este y la guerra en la ex-Yugoslavia, van a marcar a España de forma directa. Esta circunstancia va a repercutir de forma dramática en el atentado terrorista del 11 de Marzo de 2004 [2].

 

A partir de este atentado España se verá afectada de manera directa por el juego de fuerzas transnacionales que están diseñando el planeta para el triunfo de sus intereses, siendo la zona del Mediterráneo una de las partes geográficas más vulnerables y debilitadas por los intereses transnacionales. Grecia, Italia, España y Portugal sufrirán las arremetidas de los especuladores extranjeros con esa avaricia y fiereza de quienes se ven los dueños del planeta. No es de extrañar que se ataquen a los países que han sido en gran medida los creadores de la cultura grecolatina e hispana. En este sentido el caso de Grecia es paradigmático de las malvadas intenciones de los recientes dueños del gobierno mundial. Hacer quebrar a Grecia ha constituido “un sueño” largo tiempo deseado por inversores y financieros económicos e ideológicos, y en este lote de países atacados y desconcertados, España será uno de los que más va a sufrir estas arremetidas transnacionales.

 

Antes nos hemos referido al atentado del 11 de Marzo de 2004. Esta agresión tiene que ser entendida como un auténtico golpe de Estado a la política que se había consolidado tras las elecciones del año 2000, y que habían dado la victoria a José María Aznar y al Partido Popular. No podemos olvidar que Aznar sufrió un atentado de ETA, y que siempre tuvo que hacer frente a acciones paradójicas como la de la invasión marroquí del islote Perejil. Piénsese lo que se quiera, lo cierto sin embargo es que tras el atentado del 11 de Marzo, con 192 víctimas y el triunfo del PSOE tres días después en unas extrañas elecciones, el rumbo del país ha estado marcado por el agobiante debilitamiento de sus instituciones y finalidades políticas y organizativas.

 

EL DEBILITAMIENTO DEL PAÍS Y LA DESORIENTACIÓN SOCIAL

 

El triunfo del Partido Popular por mayoría absoluta el 20 de Noviembre de 2011 significó el profundo deseo de los ciudadanos del cambio de rumbo del país lejos de las políticas “erráticas” y erosionadoras de los fundamentos nacionales en defensa de intereses a menudo contradictorios o transnacionales del Partido Socialista.

 

La “amistad” de Zapatero con Marruecos, Bolivia, Argentina o Venezuela fueron separando a España de los países europeos hasta dejarla aislada del resto del continente. Pero no fue solamente este aislamiento lo que provocó el debilitamiento del país, sino una serie de políticas y medidas del gobierno pseudosocialista encauzadas a desgastar los recursos económicos mediante préstamos y ayudas sin ninguna garantía de devolución o cooperación. Asimismo, durante los años comprendidos entre 2005 y 2008 la ingente entrada de emigración no dejó de incrementarse hasta calcularse casi en cinco millones de nuevos habitantes provenientes, sobre todo, de Ecuador, Santo Domingo, Perú, Marruecos y Pakistán entre otros países latinoamericanos, africanos y asiáticos.

 

El socialista Jesús Caldera fue el principal responsable de esta masiva llegada de gente expatriada de sus países y engañada con la promesa de papeles y trabajo para todos. Cada vez que se firmaba un acuerdo comercial con uno de estos países en desarrollo, desembarcaban nuevas remesas de emigrantes en pactados acuerdos económicos y financieros entre los gobiernos de estos diferentes países y el de Zapatero. De este modo, España se convirtió en una sociedad multicultural en la que los primeros conflictos étnicos y culturales no dejaron de comenzar al concentrarse estos recientes residentes en los barrios obreros de las grandes ciudades, siguiendo el planteamiento de la economía capitalista y el Banco Europeo de abaratar el trabajo y desestructurar a la clase obrera y popular [3].

 

La anomia social se hará habitual en la primera década del Siglo XXI. La violencia se hará la seña distintiva de la época. Violencia hacia las mujeres, los débiles, los niños, los pobres, los diferentes…, un nuevo fascismo que le vendrá bien a los sectores dirigentes para incrementar la inseguridad y la inestabilidad colectiva que garantizarán la pervivencia del sistema y sus instituciones de control colectivo. No se controlará para evitar el delito sino para vigilar a los ciudadanos a los que se considerarán potenciales enemigos a quienes hay que entretener con el fútbol o el cotilleo maledicente y calumnioso a personajes o acontecimientos no acordes con “los principios” del partido gobernante y sus afines. Se podría afirmar, en consecuencia, que tras la retórica de la persuasión ideológica de las centrales socialistas-mediáticas se esconde un complejo sistema para dañar la estructura profunda del país y la psicología anímica de los ciudadanos.

 

No es de extrañar que el 20 de Noviembre de 2011 el Partido Popular gane por abrumadora mayoría las elecciones políticas. Las ilusiones de los ciudadanos de un cambio de rumbo en el país fueron el motor del voto del 20 de Noviembre en una fecha tan simbólica y puesta con toda la mala intención por los convocantes de las elecciones. Recibe el Partido Popular un país quebrado, con una galopante deuda exterior, un paro desbocado, los defensores del terrorismo etarra en las instituciones, un alto nivel de delincuencia, un sistema educativo en ruinas, una Seguridad Social saturada… y, en general, todos los signos de una ruina profunda y corrosiva. Sin embargo y pese a esta lastimera situación, los nuevos gobernantes reciben unos ciudadanos esperanzados y deseosos de un cambio de timón y de dirección.

 

Un personaje histórico de la auténtica izquierda comentó en un programa televisivo que el pueblo español pasaría por todos los sacrificios que le pidan, pero lo que no toleraría, sería que otra vez le mintieran y le engañasen. Este consejo, sin embargo, no ha sido escuchado por los flamantes gobernantes. Al contrario, los recientemente llegados incurren en los idénticos errores de los gastados políticos que perdieron las elecciones. Caen en similares equivocaciones y, especialmente, en el mismo defecto que hizo perder el poder al Partido Socialista: el engaño a los ciudadanos. Los embustes se han hecho habituales para ser político. Sin remordimientos se engaña, se miente o se desinforma a los ciudadanos por parte de una élite política de todos los colores políticos absolutamente identificada con la élite dominante transnacional [4]. En estas condiciones, la desilusión y, especialmente, la decepción ciudadana es el estado espiritual y psicológico de nuestra sociedad.

 

LA DESMORALIZACIÓN DE LOS CIUDADANOS Y EL DESPRECIO POLÍTICO DE LAS ÉLITES DE PODER

 

No se han valorado los daños psicológicos y humanos que la crisis económica está causando a la población. Las permanentes estadísticas recogen todo tipo de datos económicos, electorales o laborales, pero de ninguna manera hacen referencia a aspectos referidos a problemas psíquicos o mentales que están padeciendo los ciudadanos. El paro, la radical presión psicológica y moral que están sufriendo, principalmente, los trabajadores no aparecen reflejados ni en los medios de comunicación de masas, ni en los estudios demoscópicos a los que son tan habituales los gabinetes de mercadotecnia y demoscopia política. Parece que ha desaparecido de los mass-media cualquier referencia a lo humano y anímico de la población. En todo caso se trata como anomia lo que de manera fundamental son estados de desmoralización psicológica. Se informa de violencia de género, delitos étnicos, choques entre inmigrantes y autóctonos o infracciones legales sin relacionarse de ninguna forma con problemas vinculados con la situación de indefensión en la que están los ciudadanos [5]. La división entre población y élites se hace cada vez más extremada.

 

En estas condiciones, la presión ejercida por la Unión Europea y, en concreto, el Banco Central Europeo, pero asimismo el Fondo Económico Mundial, Banco Mundial o esas empresas que han surgido como setas, las denominadas empresas de “reating” económico aliadas con los medios de comunicación internacionales no se cansan en repetir la quiebra de España, su economía y sus instituciones.

 

 

Y si a esto unimos las tendencias internas de partidos nacionalistas vascos y catalanes nos encontramos en otro 1898, sólo que ahora con el concurso y participación de directrices provenientes de asociaciones e intereses transnacionales. La nueva decadencia de España está indudablemente planificada y proyectada de manera internacional, aunque con la necesaria participación de “colaboradores necesarios”; es decir, individuos y grupos que se identifican e incluso trabajan con estos poderes internacionales.

 

Estamos ante una decadencia planificada con la intención de debilitar no únicamente al país, sino como efecto anexo a la Unión Europea y a las estructuras de tradición occidental (educación clásica, Estado de Bienestar, igualdad legal y social entre hombres y mujeres, derechos sociales, sanidad gratuita y universal, etc.) [6]. En general, nos encontraríamos en aquel planteamiento belicoso que consideraba que para atacar a un elemento fuerte, ya fuese país o individuo, había que embestir contra el eslabón más débil de la cadena. Y entre estos eslabones más debilitados estarían los países europeos del Mediterráneo (Grecia, Italia, España) que entrarían en esa geopolítica internacional diseñada por los poderosos del planeta también para afectar a los países árabes del Norte de África, cuyas guerras y tensiones colectivas estamos viendo mediáticamente y experimentando en la actualidad.

 

Por tanto, lo que se está produciendo en este momento tiene que ser entendido como un poderoso ataque contra los países de la mal llamada “vieja Europa”; es decir, aquellas naciones que han sido fundamentales en la construcción de la cultura occidental, de sus valores y criterios éticos. Es paradójico que Grecia reciba el envite más radical de los “piadosamente” denominados como “especuladores y mercados” cuando deberían llamarse de manera objetiva como usureros y mercachifles. De esta forma, nos encontramos envueltos en una geopolítica transnacional planificada con el objetivo de atenuar y debilitar los países o bien bélicamente como en el caso del mundo árabe o económicamente como ocurre en la Europa mediterránea. Ahora bien, en lo relativo a España se unen varios procesos de esta decadencia planificada. En el primero de ellos hay que aludir a la idea común que se refiere a la situación geográfica de la península emplazada entre continentes. África, América y Europa se ubican en unas distancias muy adaptadas a rutas no sólo comerciales, cuanto culturales y creativas características de la sociedad española. Pero, también, en este ataque internacional que vive Europa hay que mencionar que España sería una de las zonas que al haber quedado fuera de la post-guerra de la Segunda Guerra Mundial creó organismos e instituciones ajenos a los propósitos de los vencedores de la contienda, la tardía entrada de España en la OTAN se llevará a cabo con el gobierno socialdemócrata de Felipe González, auténtico colaborador desde la Transición política de los años ochenta de la entrada del país en el bloque de países de la órbita norteamericana y sus aliados.

 

En este sentido, González cumplirá con todas las condiciones imprescindibles para “hacer fiable” la sociedad española ante los imperativos multinacionales y geopolíticos de la OTAN como la reconversión industrial, la reforma educativa que dará lugar a la LOGSE o la integración del país en las instituciones de control y vigilancia del Mediterráneo. En consecuencia, los pactos que garantizaron una transición bajo la tutela transnacional se han quebrado en dos momentos fundamentales para la reciente historia española: el atentado terrorista del 11 de Marzo de 2004 y la crisis económico-financiera que desde 2008 atenaza la estructura productiva y laboral del país [7].

 

No se puede entender la historia de los acontecimientos recientes sin analizar “las anomalías” que presenta España en el conjunto de países europeos e internacionales. Entre estas “irregularidades” están las herencias que aún perviven, o pervivían, del tardo-franquismo como, por ejemplo, las Cajas de Ahorro, el sistema nacional de Lotería del Estado, las pruebas de Oposición libre a puestos funcionariales del Estado (bomberos, profesores, jueces, médicos, administrativos…) y, en general, la pervivencia de aspectos compensadores de los déficit e insuficiencias de la sociedad de mercado. No hay que olvidar que en España no se obtuvo las ayudas de post-guerra del Plan Marshall, ni tampoco se desarrolló el Estado de Bienestar como en los países del Norte de Europa y centroeuropeos (Austria, Alemania del Oeste, Bélgica, Suiza, Holanda o Francia). Frente a esto, España desarrolló una Sociedad de Consumo en donde almacenes populares (Galerías Preciados, El Corte Inglés, Sepu …) suplieron con el consumo los beneficios sociales del Estado Social y de Derecho. Sin embargo con la primera Transición política de Adolfo Suárez y la consolidación de la democracia de partidos, España entraba en la órbita de naciones directamente vinculadas a los intereses de las potencias de Mercado liberal, o más bien, neoliberal extremado. La más mínima desviación a los imperativos del Mercado serán castigados con la radical dureza de quienes rompen una ortodoxia y unos dogmas económicos rigurosos y férreos. Esto se comprobará el funesto y doloroso 11 de Marzo de 2004.

 

No es original decir que después del atentado del 11 de Marzo, España entró en una etapa diferente de su evolución económica, política y social.

 

Los días siguientes al atentado y, especialmente, el domingo 14, fecha de las elecciones que darán el triunfo al Partido Socialista Obrero Español, reflejan las contradicciones que desde entonces van a sobrevolar por la sociedad española (predominio de la manipulación tecnológica y mediática, movimientos de masas adoctrinadas, entradas masiva de inmigraciones pactadas entre países y empresas, comienzo de las agresiones frente al Estado de Bienestar que después continuará el Partido Popular, aumento de las delincuencia, incremento incuestionable del paro y el desempleo, crecimiento de la anomia social y desmotivación generalizada de la población ante la continuidad de las políticas antisociales y antiespañolas del Partido Popular siguiendo a su antecedente el PSOE).

 

En estas condiciones, la separación entre élites dominantes y población común va a significar la enorme distancia existente entre gobernantes y gobernados no sólo en España cuanto en toda la Unión Europea, pero en el caso español se agrava por la pervivencia del caciquismo que ha caracterizado desde el Siglo XIX a las minorías gestoras del país, tal y como escribió Joaquín Costa en su libro “Oligarquía y caciquismo como la forma de gobierno de España” [8]. Este precursor libro analizaba uno de los principales problemas españoles: el caciquismo devenido ya en oligarquía. Esta oligarquía se ha hecho fuerte en los años de la democracia de partidos hasta constituir un sistema políticosocial en el que el clientelismo se ha impuesto de forma generalizada. Así, en lugar de corregirse defectos del pasado se han agudizado las deficiencias políticas y sociales de siglos anteriores. Uno de estos defectos principales resulta del desprecio de las élites y minorías dirigentes a una población acostumbrada durante siglos a la humillación y a la explotación económica, social y cultural. La humillación, entonces, parece una de las señas distintivas de los grupos dirigentes hacia los ciudadanos españoles, y en momentos de crisis tal actitud se vuelve aplastante y ofensiva. Esto se observa, sobre todo, en las condiciones antisociales que se imponen a la población con el pretexto de “salir de la crisis económica”. Una crisis financiera y bancaria ajena a unos ciudadanos que no han sido los causantes de este estado de quiebra y bancarrota económica, pero a quienes se sobrecarga con los problemas derivados de ella [9].

 

El desprecio político de las minorías gestoras lleva a una desmoralización de los ciudadanos de muy difícil solución. El malestar en el que se encuentran especialmente los trabajadores a causa de la injusta distribución de las cargas económicas dirigidas hacia los sectores populares y profesionales del país hace que la sensación de desaliento y decepción hacia el sistema político de la democracia de partidos vaya en aumento. Pero será la desmoralización y la desorientación, las que están provocando un agobiante desaliento ciudadano cuando los efectos de la crisis se recargan y dirigen hacia los ciudadanos que no han tenido ni culpa y mucho menos beneficios por esta situación económica y financiera. En conclusión, asistimos a una decadencia del país planificada y programada tanto por las élites nacionales como transnacionales. Las víctimas de esta decadencia son los ciudadanos y, sobre todo, en este declive del país la estructura que mayor ataque económico y político y agresión ideológica está sufriendo, es el Estado de Bienestar construido con el trabajo, el sacrificio y el esfuerzo de generaciones que lucharon por un futuro en el que España saliera de la decadencia, a la que siglos y años de malos gobiernos hicieron cierta la concepción del regeneracionista Joaquín Costa según la cual las oligarquías y el caciquismo [10] han sido los responsables de la corrupción que ha conducido al declive y debilitamiento pasado y presente de la nación española.

NOTAS:

 

[1] Abellán, J. L. (1979): “Historia crítica del pensamiento español”. Madrid, Espasa-Calpe. Ocho volúmenes.
[2] Muñoz, B. (2005): “La Cultura Global”. Madrid, Pearson (véanse los capítulos dedicados al análisis de los atentados del 11 de Septiembre de 2001 y del atentado del 11 de Marzo del 2004 en Madrid, páginas 113-153 y 153-171).
[3] Wolton, D. (2004): “La otra globalización”. Barcelona, Gedisa.
[4] Keller, S. (1971): “Más allá de la clase dirigente”. Madrid, Tecnos.
[5] Domenach, J. M. et al. (1981): “La violencia y sus causas”. París, Editorial de la Unesco.
[6] Muñoz, B. (2010): “La Sociedad Disonante”. Madrid, Fundamentos.
[7] Garcés, J.E. (1983): “Desarrollo político y desarrollo económico”. Madrid, Tecnos.
[8] Costa, J. (1967): “Oligarquía y caciquismo como la forma política de España”. Madrid, Alianza.
[9] Tortosa, J. M. (comp.) (1998): “La otra economía”. Valencia, Institució Valenciana d’Estudis i Investigació.
[10] Costa, J. (1967): “Oligarquía y caciquismo…”. vers. citada, en el capítulo 31, Costa comenta del gobierno de los peores como uno de los grandes problemas de España, ver páginas 31-33.

Ilustración