Una Universidad destartalada, corrupta y sin solución de futuro por ahora

Equipo Editorial (Febrero 2012)

De los peores males que afectan al conocimiento en nuestro país uno de los más esenciales y penoso es la destrucción de la Universidad en su significado de amor al saber y a la investigación. El idealismo utópico con el que se considera en nuestros días que una vida pueda dedicarse al conocimiento y a la investigación científica, nos indica en que situación tan lamentable nos encontramos.

En la actualidad hablar de vocación universitaria y científica puede resultar tan extraña como hablar de vocación religiosa o vocación monacal. Pero lo problemático no es tanto que exista la vocación intelectual, cuanto que se posibilite y deje desarrollarse esta aptitud. En un tiempo en el que a los dirigentes políticos, económicos y culturales se les llena la boca con la palabra “excelencia”, nada es más difícil de llevar a cabo que, simplemente, la libertad intelectual y universitaria. Pero, ¿por qué se hace tan difícil la vocación creativa e innovadora que siempre se ha considerado el objeto de la Universidad?

 

Explicar los problemas a los que se tienen que enfrentar investigadores y profesores en el momento presente, nos lleva a situar los problemas que condicionan el trabajo intelectual en el presente, y entre estos problemas estarán: el edificio burocrático y sus restricciones, la competitividad de los peores, las trabas profesionales… y, en general, el ambiente dañado por un poder universitario más afín al partido político al que obedece servilmente que al desarrollo del conocimiento objetivo y desinteresado. Se puede afirmar que una de las instituciones más dañadas en los últimos tiempos es, sin duda, la institución universitaria. La Universidad que desde la Edad Media [1] será la entidad encargada de desarrollar, crear y proteger la cultura, recibe en los finales del Siglo XX y comienzos del XXI los mayores ataques desde todos los sectores posibles tanto públicos como privados, convirtiéndose casi “en un botín de guerra” para grupos económicos, políticos e ideológicos enfrentados.

 

Para explicar las causas de la quiebra de uno de los pilares esenciales de la sociedad europea es imprescindible remontarse a los años sesenta del siglo pasado. Las revoluciones estudiantiles y juveniles de la década de los sesenta (Berkeley, París, Berlín) trajeron como consecuencia unas políticas educativas defensivas destinadas a evitar que se produjeran nuevos conflictos universitarios, y para ello el cambio de los Planes de Estudio y de los conocimientos se convirtió en una constante de los gestores políticos. [2] Coinciden estos cambios con modificaciones geopolíticas y sociales, siendo las Universidades el lugar en donde mejor se van a reflejar los diferentes intereses de los grupos de poder. En estas condiciones, la consolidación de la Unión Europea en los años noventa y, asimismo, el desarrollo del llamado Plan Bolonia significarán un giro radical en las funciones, estudios y sentido cultural de las Universidades.

 

El Plan Bolonia ha alterado el funcionamiento universitario. En principio todas las carreras se han tenido de adaptar a los Planes de Estudio diseñados por los defensores de una Unión Europea al servicio de grupos de interés y de presión transnacionales. La creación del Espacio Europeo de Educación Superior está dentro del Acuerdo General de Comercio de Servicio (1995). Esto no tendría importancia si no fuese un paso más para derruir lo que se ha considerado la misión y el objeto de la Universidad; es decir: crear nuevos conocimientos y difundir continuando la tradición intelectual y humanista de nuestro continente. De este modo, desde su creación medieval las Universidades han tenido la vocación cultural y de creación del conocimiento como su principal objetivo. Ahora bien, el 19 de junio de 1999 se firmará en la renacentista ciudad de Bolonia una Declaración [3] en la que se ponen los fundamentos de ese Espacio Europeo de Educación Superior en el que se adoptan los siguientes objetivos:

 

  1. Adopción de un sistema fácilmente legible y comparable de titulaciones.
  2. Adopción de un sistema basado en tres ciclos (grado, máster y doctorado).
  3. Establecimiento de un sistema internacional de créditos y un Sistema Europeo de Transferencias de Créditos (ECTS).
  4. Promoción de la movilidad de estudiantes, profesores e investigadores y personal de administración y servicios, y superación de los obstáculos que dificulten dicha movilidad.
  5. Promoción de la cooperación europea para garantizar la calidad de la educación superior.
    y finalmente,
  6. Promoción de una dimensión europea de la educación superior.

 

Todos estos objetivos estarían muy adecuados para garantizar el buen funcionamiento de las instituciones universitarias si a tales objetivos no uniéramos las disfunciones heredadas del pasado y agravadas en el presente y, desgraciadamente, se prevén en el futuro. Vamos a referirnos a algunas de estas contradicciones del pasado relacionando a éstas con las paradojas del presente.

 

DE LA DECADENCIA DEL PASADO A LA DEVASTACIÓN DEL PRESENTE UNIVERSITARIO

 

Las últimas décadas de la Universidad española han agravado los problemas que lastraron y bloquearon su desarrollo. [4] A las cuestiones de carencia de recursos y medios científicos se han sumado temas referidos al funcionamiento de la selección del profesorado en lo referido a la pertenencia a un determinado partido político.

 

A este respecto, en los años que van desde 2004 hasta 2011 la asignación y dotación de cátedras con perfil específico se ha hecho ingente. Ha surgido una casta de catedráticos en la Universidad más cercanos a intereses políticos e ideológicos concretos que a conocimientos y méritos intelectuales y docentes. Así, no es de extrañar que en estas circunstancias estos “nuevos catedráticos/as” se sientan totalmente identificados con los planteamientos de la Universidad boloñesa, ya que en el Plan de Bolonia se eliminan las clases magistrales y se recortan las horas de clase, aspecto éste muy aplaudido por estos ocupantes de cátedras, auténticos “ocupas” de cátedras politizadas, que se definen a sí mismos más como “investigadores” que como profesores y docentes.

 

Pero, a la par, el cambio de los Planes de Estudio que se ha producido con la convergencia europea, al unificarse los contenidos y adaptación de los estudios universitarios en toda la Unión Europea, ha conllevado que desaparezcan conocimientos que requerían una erudición y un trabajo paciente y sosegado. Se ha sustituido la dedicación a la investigación serena y creativa por unos modos de conocimientos “indesados”; esto es, artículos, libros y estudios tienen que ser validados por “unos índices científicos” que la gran mayoría de las veces provienen de la Universidades norteamericanas y
en las que algunas investigaciones más centradas en temas propios y ajustados a problemáticas de los países europeos o bien no existen, o son considerados menores. Por ejemplo, se estuvo en la gravísima situación del cambio de Planes de Estudio de Bolonia de eliminar la Historia del Arte que fue considerada una materia prescindible en un continente como es Europa con su tradición cultural y artística tan esencial. ¡Menos mal que la cordura prevaleció al final de ese Espacio Europeo de Educación Superior!

 

Pero de todos estos males que están corroyendo las Universidades contemporáneas, hay uno que no puede dejar de citarse y que su crítica es considerada, en el momento presente, una herejía. Se trata del movimiento de población por todo el continente. No nos referimos a las emigraciones pactadas, ni a las expatriaciones que los habitantes de numerosos países están sufriendo. Estamos aludiendo a otra consecuencia de ese Espacio Europeo de Educación Superior: el Programa Erasmus.

 

Un fantasma recorre Europa: los Erasmus. El European Region Action Schme for the Mobility of University Students (Plan de Acción de la Comunidad Europea para la Movilidad de Estudiantes Universitarios) [5] tiene su inicio en 1987 promovido, especialmente, por Franck Biancheri Presidente del partido trans-europpeo Newropeans y la asociación estudiantil Aegee Europe.

 

La idea será que los estudiantes seleccionados puedan cursar sus estudios durante un periodo de tres meses a un año en otro país europeo y que se reconozcan estos estudios en la Universidad de origen del alumno al regresar de esta estancia en el otro país. François Miterrand y Felipe González fueron impulsores principales del “Plan de Acción de la Comunidad Europea para la Movilidad de Estudiantes Universitarios” en el inicial Plan Sócrates de 1995. Sin embargo, lo que comenzó como un programa de intercambio de conocimientos entre las Universidades europeas ha dado lugar a todo un fenómeno sociológico e ideológico.

 

Explicar el fenómeno Erasmus requiere entender la Europa de nuestros días ya que se interrelacionan y se definen mutuamente. Es decir, el continente europeo ha perdido el sentido de muchas de sus instituciones esenciales, y de estas instituciones la Universidad es una de las más perjudicadas en sus modificaciones.

 

En efecto, antes de la creación del Espacio Europeo de Educación Superior cada país tenía un modelo universitario que se correspondía con su idiosincrasia y particularidades culturales e históricas. La Sorbona francesa, los centros ingleses Oxford y Cambridge, Tubinga y Heildelberg en Alemania o la Complutense y la Universidad de Barcelona resumían y compendiaban las diferentes formas de creación del conocimiento y la investigación científica. Se trataba de una variedad de centros universitarios especializados en dispares y diversas especialidades intelectuales. De aquí que el avance científico y cultural provendría de los diferenciados intereses de los investigadores de las variadas y distintas Universidades. Pero con el predominio del Espacio Europeo de Educación Superior esto ha terminado. Ahora se tratará de unificar los Planes de Estudio y la investigación en todo el continente siguiendo, sobre todo, criterios empresariales y económicos. La rentabilidad inmediata y el beneficio productivos van a prevalecer sobre cualquier otro tipo de criterio, y ello nos hace interrogarnos sobre esenciales hallazgos e innovadores creaciones del espíritu. Por ejemplo, a qué empresa le interesaría financiar la filosofía de Ortega y Gasset, la creación individual de Ramón y Cajal o los estudios de Menéndez Pidal sí estos trabajos no reportan un beneficio monetario rápido y contable. Pero más dramático sería aún que, en las circunstancias actuales, no sería posible el desarrollo de los experimentos sobre las vacunas por Louis Pasteur y el tipo de laboratorios en el que trabajaron los Curie o Fleming.

 

Al estar todo sometido a la eficacia y la eficiencia la creatividad debe encuadrarse en equipos de investigadores sometidos a un jefe que, por regla general, ni es el más capacitado ni el más creativo e innovador. Y lo mismo pasa con los alumnos y estudiantes, antes del Espacio Europeo de Educación Superior se acudía a otras Universidades con un claro proyecto de estudio e investigación, muchas Tesis Doctorales se hacían con Becas de Investigación de Personal Investigador, había un objetivo y unas finalidades evidentes y objetivas. Sin embargo, en la actualidad los Erasmus recorren las Universidades europeas sin propósitos concretos. Pasan un año o algunos meses en otros países con la intención de conocer gente. Los “Sexasmus”, como se les denomina a menudo a estos estudiantes, suelen ir a múltiples fiestas, asisten a algunas clases con cara de perplejidad porque entienden el idioma a medias o gozan de un tiempo de descanso y vacación con otros jóvenes de otros países en una interrupción momentánea de sus estudios y actividades en sus Universidades de procedencia.

 

La situación de fiesta permanente ha llevado, no obstante, a dramas y tragedias recientes. Desde el muchacho norteamericano que cayo al río Manzanares después de una de las interminables fiestas hasta la desgracia de unos eslovacos que en un mar encrespado y peligroso se bañan provocando la muerte de tres jóvenes policías al ir a rescatarlos en la plaza coruñesa de Orzán. Estos son algunos sucesos ocurridos últimamente, esto no significa que no haya excepciones y algunos estudiantes aprovechen para conocer otras culturas y materias de estudio; pero, no obstante, los resultados de estos movimientos de población estudiantil y juvenil deberían plantearse con más cuidado y seriedad. No se trata meramente de “conocer a otras chicas y chicos” de otros países, sino de ampliar objetivamente el conocimiento científico y cultural de nuestras sociedades.

 

En definitiva, asistimos a un enorme deterioro de las Universidades españolas y europeas. [6] Desde 1998 (Declaración de la Sorbona) hasta 2010 (consolidación total del Espacio Europeo de Educación Superior) estamos asistido a la decadencia, la deformación e incluso la corrupción generalizada del sistema universitario. La Universidad que nació con el sentido de creación y difusión del saber, reivindicando la universalidad del conocimiento y la ejemplaridad ética como formas de existencia, se encuentra sumida, deteriorada y cautiva de un círculo de intereses totalmente ajenos a lo que debería ser el noble, desinteresado y altruista amor y pasión por el conocimiento, la justicia y la racionalidad ilustrada.

NOTAS:

 

[1] Picard, A. (1935): “Histoire des Universitès”. P.U.F., París.
[2] Tovar, A. (1968): “Universidad y educación de masas”. Barcelona, Ariel.
[3] Declaración de Bolonia
[4] González Álvarez, A. (1987): “La Universidad de nuestro tiempo” Gredos, Madrid.
[5] The Erasmus Programme
[6] Jiménez, A. (1988): “Historia de la Universidad española” Alianza, Madrid.

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